domingo, 1 de agosto de 2021

Clemencias del tiempo

Espío la tormenta desde detrás de la persiana,

escudriño las rendijas y las farolas son violetas

y las sombras de los árboles tiemblan

y la noche grita entre las nubes y aporrea las aceras con sus haces de plata,

se estrella a cántaros sobre el asfalto.


He salido a la ventana a juntar las manos,

he recolectado un pocillo de agua.

Tengo el pelo aplastado de lluvia

y la piel pegajosa y gélida

y una sonrisa de rayo definitiva.


Arrecia así,

es tan hermoso...


Los días de sol son así,

tan hermosos...


Que llueva este instante,

                            llueva y lluevo.

Al final todos somos huesos

y piel y carne

y algo de cielo.

jueves, 29 de julio de 2021

Me gusta...

14 de octubre de 2020

Me gusta leer al aire libre y me gusta leer en casa, tumbada encima de la manta. A veces tardo en coger un libro (tardo demasiado, creo yo), pero cuando pego los ojos a las letras, siento que podría estar así todos mis años, leyendo. Antes me gustaba ir en tren y en tranvía, pero ahora, con el virus, no. Me sigue gustando ir en coche y ver la carretera y las farolas resbalando por fuera de la ventana. Me gusta estar en la calle a la hora que todos trabajan y ver las aceras semidesiertas, con una mujer sentada al sol en una terraza y un señor con el carro de la compra y la barra de pan para hoy. Me gusta quedarme un poco más, me gusta marcharme pronto. Me gusta cuando en clase hay preguntas y me gusta cuando se oyen sólo las veinte respiraciones concentradas. Me gusta el olor de después de la lluvia, aunque antes de llover hiedan las cloacas. Me gusta ver una urraca y encontrar la segunda, y mirar los pechos blancos y fugaces de las golondrinas. Me gusta meter los pies en el mar siempre y odio la arena en los calcetines, y me gustan los sitios verdes con piedras para sentarse. Me gusta pasar cerca de los colegios a la hora del recreo y cazar un trocito de conversación importante entre niños, una pizca de risa. Me gustan los calcetines divertidos y no soporto llevar guantes. Me gusta estar una hora en la biblioteca y mirar a través del cristal de horno cómo se dora la comida. Me gusta el olor a suavizante, odio tender y doblar la ropa. Me gusta tener la piel suave y las cejas bien delineadas, y llevar el pelo corto y largo y a medias. No sé si me gusta llevar medias. Me encanta estar cansada y ponerme el pijama, me gusta y prácticamente sólo bebo agua. Me gusta aprender y contar datos inútiles, me gusta escuchar y emocionarme tanto que necesito hablar. A veces diría que me gusta llorar. Me gustan por su belleza y carga las palabras, odio también las palabras soeces. Me gusta tomar café sin pretensiones, aunque siempre me duela la barriga después. Me gusta escribir y olvidarme en ello de todo, todo lo que tengo que hacer. Me gusta que la comida esté hecha y que no estén en la pila los platos de ayer. Me gusta oír en una canción el bajo, bailar un poco, hacer el amor únicamente, dormir la siesta. Me gusta mirar fotos y me apena, y me gusta escuchar historias de antes de mí. Me gustan los museos y las pinacotecas, pasear y pisar todas las hojas secas, las bromas tontas y los chistes malos. Me gusta también que llegues al final del texto, que hayas leído todo esto para conocerme; me gustaría también poder conocerte a ti.

lunes, 12 de julio de 2021

Productividad

Producir, producir y producir, y alimentar el fuego antes de que me fagocite a mí, porque soy una sombra, porque no tengo rostro, porque nadie me conoce, porque ambiciono y quiero tenerte entre mis manos y arrugarte y alisarte hasta que seas nuevo, colarme en tus esquinas y romperte los lagrimales y estirarte las comisuras y ocuparte el pecho a mordiscos y ser un seísmo en tus muñecas y colorearte de un tono inverosímil y quererte mucho, cuidarte mucho, dejarte bajo un imán del frigorífico todo lo que soy y que te dé igual que no produzca, produzca, produzca, porque sabes mi espíritu, porque entiendes mi forma, porque me conoces y me has salvado del incendio, porque no precisas que escriba, y escriba, y escriba, porque tú me viste en un hueco tenue y porque tú me has leído y porque tú comprendes.

lunes, 14 de junio de 2021

Inmovilidad

27 de septiembre de 2020

Sigo sin saber vivir
la vida que me dieron mis padres.
Vine, se supone,
a ser feliz en el mundo,
pero mi tara fue conocer
lo que no quiero
del mundo.
Nací dispuesta a mancharme
del color simple y brillante;
hoy en día tengo
piel y aliento cenicientos.
Ya me faltan muchas cosas...
También me sobran otras tantas...
Me figuro agua en la piedra,
pienso "ay, a ti ni te hablan";

no escogió el aire serlo,
ni tampoco yo
                                elegí esto.

miércoles, 2 de junio de 2021

Los gatos de mi barrio

Creo que se llama Elvis ese gato que vive en la calle de detrás, la que es peatonal. Tiene manchas naranjas. El gato, digo, no la calle. Y creo que también es hembra, no sé. Yo nunca le he visto testículos. El caso es que es uno de los gatos amigos de mi barrio. Una vez, hará dos veranos, estaba yo yendo hacia el tren. Me levantaba pronto porque hacía de canguro y tenía que estar en la casa donde trabajaba para despertar a los niños. En fin, iba hacia el tren y me encontré a Elvis maullando ante una puerta. Llamé varias veces mientras lo acariciaba, pero no contestó nadie. Seguramente, Elvis había salido de casa durante la noche y, para cuando quiso volver, ya se habían marchado todos a trabajar. Tuve que marcharme; no podía llegar tarde. Lo cierto es que estuve pensando bastante en el gato, deseando que no le pasara nada, y me alegré muchísimo al verlo en la calle unos días después. Elvis se acercó a mí y se frotó contra mis piernas, y levantó su cabecita hacia mi mano para que lo acariciara. O la acariciara, quién sabe. Desde entonces, siempre que me ve me viene a saludar y me pide algún mimo, y a veces incluso quiere jugar y me mordisquea con suavidad.


Elvis no debe de aburrirse nada. En sus calle vive otra gata, Misi, si no me equivoco. Es la gata de Amina, una chica que venía conmigo a la guardería y luego al instituto. Misi es un amable (sí, es posible ser un gato amable) y también se deja acariciar, pero es menos zalamera que Elvis, más independiente. Me gusta mucho cuando me los encuentro juntos, jugando, de pie sobre sus patas traseras, golpeándose traviesamente con las almohadillas de las patas delanteras y con las colas tiesicas, en forma de interrogante. A veces ruedan juntos por el suelo y luego se limpian un poco. Me encanta que sean amigos.


Y luego hay dos gatos más, que tienen el mismo pelaje atigrado, pero uno está gordote y el otro es delgadín. A estos los veo más a la hora de después de comer. Estos no me los encuentro en la calle, sino acomodados en los alféizares de la planta baja de la casa en la que viven. Como tengo las manos flacas, puedo meterlas a través de la reja, que hace rombos, y acariciarlos un rato. Creo que a uno, al delgado, no le caigo demasiado bien; aun así, deja que me acerque y que lo acaricie un poco antes de avisarme con un mordisco. Con el otro, el gato grande, es otra historia. Es el primer gato de mi barrio del que me hice amiga. Es muy, muy cariñoso, siempre con ganas de que lo acaricien. A veces, con sólo ver que me acerco, comienza a rozarse contra la verja esperando a sentir mis dedos. Y ronronea. Muchas veces llegué tarde a las clases del máster por estar deliberadamente demasiado rato acariciándolo.


Hay veces que tengo suerte y me los encuentro a todos en el mismo paseo, y entonces el día, sea como haya sido, es un poco más bueno.