sábado, 20 de julio de 2024

A oscuras

Las luces nocturnas se deslizan

farola a farola

tras la ventanilla del coche.

Una ciudad a estas horas es

un enjambre de cuadrados prendidos

en las fachadas oscuras, irreconocibles.

Lo pensé una vez cuando era niña

y desde entonces no se me ocurre otra cosa:

cuando veo desde la autopista

el mar de luces de la urbe,

cada punto es magia

y su haz es enfermizo,

y me recorre entera la certidumbre

de que un día yo estaré muerta,

y no sé qué hacer con ello

sino suspirar, parpadear dos veces,

y seguir mirando el ejército encendido

de bombillas que también se apagarán.

lunes, 17 de junio de 2024

Lolita

En los días que pensaba que ya sabía expresarme, y también en los que no, yo acudía donde hubiera la mayor concentración posible de incomunicados: la biblioteca. Por si encontraba mis palabras en páginas de otros, o por constatar si nadie escribió lo que yo intentaba decir, hojeaba libros, ojeaba sinopsis, recorría los lomos para que un título o un nombre me encontrara.

Una de esas tardes (primavera, un día que se giró de pronto contra todo pronóstico, viento como de noviembre, amago de lluvia cada poco) llegué a la sección N. Claro está, aunque yo aún no lo había visto, me topé con Nabokov. Me cae bien. Era el libro de siempre, Lolita, y tenía pegada al borde una etiqueta con un sello: la silueta simple de unos labios que, en el idioma de icónicos de la biblioteca, quiere decir "erótico".

Lolita. Erótico.

Yo lo leí cuando aún era adolescente y no entendí nada. Había oído que era la gran novela sobre un amor prohibido, atravesada por la pasión sexual, y yo por entonces quería entender el amor, comprender cómo otros viven el deseo y el encuentro. La chica del libro era una provocadora capaz de volver locos a los hombres (enloquecerlos a ellos, una fantasía que sin saberlo compré). La chica del libro, en realidad, es una niña. Yo le sacaba algunos años a Lolita y, aunque aún estaba confusa, no me hizo falta mucho para comprender que aquello no era una novela de amor, ni siquiera de sexo: era una historia de abuso y violencia que Humbert Humbert disfrazaba con cada palabra. Nabokov fue muy inteligente al escribirla.

Lolita no es un libro erótico. Lolita no es la joven que mira por encima de sus gafas de sol a la cámara mientras lame una piruleta con forma de corazón. En la contraportada de esa edición seguían hablando de pasión y amor. De adolescente, yo pensé que no había entendido el libro, pero esa tarde vi que no, que la que se había equivocado no era yo.

Le llevé el volumen a la bibliotecaria, le comenté lo de los labios de la etiqueta, me excusé por si era muy atrevida yo, pero tratándose de la violencia sexual hacia una niña, ¿qué categoría era aquella? Allí mismo, en el templo de los incomunicados, la comunicación funcionó. La bibliotecaria abrió mucho los ojos y comprobó en el catálogo en qué consistía el error. En las bibliotecas de la Diputación de Barcelona, Lolita consta oficialmente como novela erótica.

Quizás alguien me dirá que soy yo, que leo con mis ojos de este siglo, y que si hay sexo hay erotismo, y que me fije en Las edades de Lulú. Yo no me bajo de mi montura. Donde hay violencia no es sexo, sino una arma; "erotismo" viene de "Eros", y en el abuso no hay amor.

La bibliotecaria se quedó el libro y lo guardó bajo el ordenador. Quizás habló con sus compañeros y quizás no. Sea como sea, al menos hubo entendimiento entre las dos.

domingo, 28 de abril de 2024

Irresponsable

Alguna irresponsabilidad de vez en cuando:

dejar el móvil en silencio,

beberse un vaso de más sobre el vaso de más,

desatender el trabajo, hacerlo sin ningún cuidado,

dejar aun teniendo energías que se acumulen la ropa sucia y el polvo y los platos,

ser un poco desagradable o serlo bastante,

delegarlo todo a otra que sea más organizada/agobiada/detallista y menos cómoda/vaga/desconsiderada que yo,

irme a cualquier lado, lejos o cerca, mucho rato, sin avisar a nadie

o salir y en silencio no volver hasta muy, muy tarde,

bailar y sudar toda una noche para presentarse a las ocho en clase,

no cuidar ni devolver los libros que me prestan,

no corregir ni un examen,

devolver las redacciones cuatro meses después,

mostrarme cruel e hiriente sin que llegue a importarme,


cosas irresponsables, de tanto en tanto:

una lista de todo lo que nunca hago


(y si lo hiciera...)

.

miércoles, 27 de marzo de 2024

En la Tierra

Las nubes.

Parece que las hayan pintado.

A veces creo

que lo que vivo

es menos cierto que lo que veo.

Transcurro en la ilusión

a pesar de los amarres,

en este vapor imperceptible que

confiere a todo visos de irrealidad.

Existen el calor y el frío.

Existen el dolor y el alivio.

El hambre, la imperiosa necesidad de conservarse,

el cuerpo necesita dormir,

y agua, y movimiento, y luz

y amor:

algunas cosas que nos mantienen atados al mundo,

pero

esas nubes...

esos gritos de niños que oigo jugar...

este sabor a sangre en la boca...

Sí. Tienen que ser verdad.

miércoles, 6 de marzo de 2024

Los dones

Me han dejado algunos regalos mis traumas

a consecuencia de haberlos sobrevivido:

tengo

un miedo cerval a desaprovechar mis días

y que se me pase así la vida, puf;


compruebo cuando duermen

que los que quiero aún respiran,

por si en una exhalación se funden y yo ya he llegado tarde;


lloro mucho, amo mucho,


a veces me acuerdo de unas manos que no quería

encima de mi cuerpo,

de una insistencia por abrirme

a pesar de mi llanto.

Me han robado por tantas veces mi deseo.


También tengo

que hacerme muy valiente para decirte a la cara lo que pienso,

y nunca quiero hacerte daño,

incluso cuando querría, no quiero.


Tengo los ojos puestos

en el ayer y en el mañana

en un mismo parpadeo;

tengo ojeras, ansiedad,

pinchazos en el pecho y en el cuello,

digestiones tristes, en silencio,

que revientan en exabruptos violentos;


necesitarte cerca,

tratar de ahorrarte el duelo

(distancia de seguridad: lejos);


volverme hacia ti, cerrarme en mí

y llorar una vez más

porque es un recuerdo.