viernes, 13 de enero de 2023
Los gusanos
lunes, 7 de noviembre de 2022
La nieve
Alguien se encarga de afilar
una por una las estrellas
cuando hace tanto frío
(no sé si será el mismo alguien
que con un paño deja
la luna brillante).
Los planetas también danzan con un giro distinto.
Desde aquí, todos
repartidos bajo una campana de cristal:
pasamos estas noches en un globo de nieve
que nadie se preocupa de agitar,
y por eso no sabemos
movernos,
nos desplazamos sin sentido,
chocamos con las paredes, con los otros;
nos detenemos en medio de un cruce.
A nosotros
nadie nos saca punta
ni nos quita el polvo:
sólo nos frotamos los ojos, incrédulos siempre.
Tal vez así, cuando miramos arriba,
con este frío de metal,
parece que es más límpido el cielo,
y remprendemos el paso
bajo la campana de cristal
(entonces no precisamos que vuelva a nevar).
martes, 23 de agosto de 2022
Mi diario de verano
lunes, 25 de julio de 2022
Leer siendo mujer
lunes, 13 de junio de 2022
De los ojos
Me pregunto si los ojos del niño o los ojos del perro ven el cielo adornarse como yo lo veo. Acaso, si no me hubiera muerto tantas veces, no sería capaz de encontrarle en el color lo bello, entre las farolas y los cables del tendido eléctrico. Me planteo también si la inocencia es capaz de oír silbar los trenes así como me besan los oídos, o si siente el viento en el vello de los brazos como si fueran una espiga verde y tierna, y el olor de la lluvia que ha de caer en la nuca, y el frío horrible y fino debajo de las uñas. Si yo no hubiera muerto tantas veces, ¿sería posible que viviera tanto así estando quieta? ¿Sabría encontrar versos en el silencio de una vista? ¿Menguaría para crecer tanto durante mis horas contemplativas? Tal vez, como el niño o el perro en su inocencia, simplemente existiría, jugaría un rato con el aire y, después, me echaría la siesta, pero observando los amaneceres, los campos recién sembrados, la pintura en las farolas, las grietas en el asfalto, también tengo mi rato cómplice con el aire, también duermo un trocito de tarde y, simplemente, existo, aunque ya haga tantas veces que me he muerto.