martes, 23 de agosto de 2022
Mi diario de verano
lunes, 25 de julio de 2022
Leer siendo mujer
lunes, 13 de junio de 2022
De los ojos
Me pregunto si los ojos del niño o los ojos del perro ven el cielo adornarse como yo lo veo. Acaso, si no me hubiera muerto tantas veces, no sería capaz de encontrarle en el color lo bello, entre las farolas y los cables del tendido eléctrico. Me planteo también si la inocencia es capaz de oír silbar los trenes así como me besan los oídos, o si siente el viento en el vello de los brazos como si fueran una espiga verde y tierna, y el olor de la lluvia que ha de caer en la nuca, y el frío horrible y fino debajo de las uñas. Si yo no hubiera muerto tantas veces, ¿sería posible que viviera tanto así estando quieta? ¿Sabría encontrar versos en el silencio de una vista? ¿Menguaría para crecer tanto durante mis horas contemplativas? Tal vez, como el niño o el perro en su inocencia, simplemente existiría, jugaría un rato con el aire y, después, me echaría la siesta, pero observando los amaneceres, los campos recién sembrados, la pintura en las farolas, las grietas en el asfalto, también tengo mi rato cómplice con el aire, también duermo un trocito de tarde y, simplemente, existo, aunque ya haga tantas veces que me he muerto.
miércoles, 6 de abril de 2022
El gesto amable
Para la felicidad no se puede convencer con la violencia, no se puede herir con las imágenes,
no se puede agredir con las palabras,
porque a la felicidad sólo se la encuentra con paseos dulces, con cantares juntos, con el gesto amable. No es convicción cuando debajo hay miedo.
No es convicción cuando debajo hay pena,
simplemente porque el escozor y la herida no hacen libre: son cadenas.
Para hacer comprender es necesario dejar aire, dar espacio,
abrir un huequito en la tierra en que quepa la semilla puesta voluntariamente,
parida sin espinas,
escogida porque ha existido ese momento en calma, sobre la arena, para pensar verdaderamente las cosas y después
actuar en consecuencia.
Sin el limo para la serenidad
no hay decisiones plenas.
lunes, 14 de marzo de 2022
La cajita
Tengo en una cajita blanca
cuatro versos sueltos,
una horquilla
y de pan unas migajas.
Tengo también un problema:
no sé dónde está la caja
y temo que, si no la encuentro,
voy a ser condenada
a no morder la corteza,
a llevar el pelo en la cara,
a no escribir más un poema,
a encerrarme en mi negra jaula.
Tengo una cajita blanca
ante mis ojos, intocable,
con una mariposa dentro
y una palabra amable.
No tiene ojos, ni cabello,
ni dedos ni piernas, pero tiene voz,
y aunque no la encuentro, me susurra...
en la caja está mi corazón.