Es bonito el sexo. No sé para qué vuelvo a articular el discurso, si quienes me preguntan al fin y al cabo responden sin entender.
Es una suerte. Nacemos, morimos, y entretanto hay ratos de placer. Y es buena fortuna, así que me estremezco, claro, con esas etiquetas que lo afean.
Siempre hay amor en el sexo. No hablo de violaciones, hablo de sexo. Amor por uno mismo, por el calor y por el contacto; a veces, amor por alguien más. Y es una buena fortuna amar(se)(lo)(te).
Para un rato de placer antes de morirse y hay quien se empeña en mancharlo. Las palabras existen para usarlas, me dicen. Qué obviedad, y no las usan todos.
Cualquiera puede arrojar una piedra a la ventana, y en recogerla de la tierra siegan la flor.
¿Y qué si es esporádico, duro, salvaje, sin más, despecho, masturbación? Es sexo y una de las perlas brillantes de nuestra condición. ¿A qué tanto discurrir añadiéndole a la historia otra pátina de mugre con las mismas letras de un insulto?
Ustedes hablarán como quieran; también yo bajo la etiqueta suya de cerrazón. Acuéstense, siéntense, levántense, retocen, culminen como les plazca, y sepan que la postrera llega y que la suerte que tuvieron hay que abrillantarla. ¿Que escojan escupir en ella con sus palabras? Voluntad suya. Sólo pido que ante mí no la enturbien y, en sus ratos libres, después de las preguntas, ya ustedes por no querer sigan sin entender.
sábado, 11 de enero de 2020
viernes, 10 de enero de 2020
jueves, 9 de enero de 2020
Prescripción
Anoche leí un poema impertinente:
se burlaba de mis pastillas
(o no de mis pastillas, pero sí
y sin duda de unas similares).
Tomo unas rosadas
(¿se burlaría también de ellas?)
que me prometen sin fallos
cada treinta días
mi sangre fértil.
Dejé de tomar las que vienen ahora,
pero saben a limón y suenan
a nana para mis noches eternas
de estar bajo la manta y ver
fantasmas sin sábanas.
Se mastican y luego se tragan
y al poco viene el borboteo
del grifo extraño del sueño.
No puedo seguir durmiendo de día:
la vida comienza por la mañana,
lejos del enjambre de las estrellas ensangrentadas.
Y las últimas
(sé a ciencia cierta
que de estas se reía)
son el seguro
para que haya regla programada
y sacar este cuerpo de la cama.
Ahora son gotas y tomo
tan pocos miligramos como creo
y saben a menta
y tres de ellas bastan para adormecerme la lengua
y tal vez un par más que guarden la puerta
entreabierta de mis cadenas
aunque a veces me posean
y me sienta sangrar y levantarme
no quiera.
Me hormiguea la lengua
a cambio de un poco de sol y agua,
a cambio del pulso de estar despierta.
Nunca voy a matarme.
Vivir, más no quisiera.
¿Y qué si mis pastillas
me alientan en la carrera?
se burlaba de mis pastillas
(o no de mis pastillas, pero sí
y sin duda de unas similares).
Tomo unas rosadas
(¿se burlaría también de ellas?)
que me prometen sin fallos
cada treinta días
mi sangre fértil.
Dejé de tomar las que vienen ahora,
pero saben a limón y suenan
a nana para mis noches eternas
de estar bajo la manta y ver
fantasmas sin sábanas.
Se mastican y luego se tragan
y al poco viene el borboteo
del grifo extraño del sueño.
No puedo seguir durmiendo de día:
la vida comienza por la mañana,
lejos del enjambre de las estrellas ensangrentadas.
Y las últimas
(sé a ciencia cierta
que de estas se reía)
son el seguro
para que haya regla programada
y sacar este cuerpo de la cama.
Ahora son gotas y tomo
tan pocos miligramos como creo
y saben a menta
y tres de ellas bastan para adormecerme la lengua
y tal vez un par más que guarden la puerta
entreabierta de mis cadenas
aunque a veces me posean
y me sienta sangrar y levantarme
no quiera.
Me hormiguea la lengua
a cambio de un poco de sol y agua,
a cambio del pulso de estar despierta.
Nunca voy a matarme.
Vivir, más no quisiera.
¿Y qué si mis pastillas
me alientan en la carrera?
lunes, 2 de diciembre de 2019
La dama de la orquídea
Mujer que nunca sangra
busca cajita de nácar:
en el laberinto de escaparates
se abren flores de carne
con pliegues como pétalos nuevos;
mas en su jardín nocturno
sólo una orquídea florece,
y ella llora ante el absurdo
de haber nacido donde no pertenece.
busca cajita de nácar:
en el laberinto de escaparates
se abren flores de carne
con pliegues como pétalos nuevos;
mas en su jardín nocturno
sólo una orquídea florece,
y ella llora ante el absurdo
de haber nacido donde no pertenece.
miércoles, 27 de noviembre de 2019
Nana pía
Toda la noche despierta
estuve a tu lado.
estuve a tu lado.
Tus párpados cerrados
como la persiana contra la calle.
como la persiana contra la calle.
Mi sombra lila se casaba
con tu lucidez dormida.
con tu lucidez dormida.
Fue la noche centrifugada:
vueltas en la cama,
vueltas en la cama,
vueltas en la mente,
vueltas en la vulva el cuerpo,
vueltas en la vulva el cuerpo,
vueltas en la casa.
Paseaba ciega
Paseaba ciega
y fatuo te aparecías;
escudriñaba los cajones
escudriñaba los cajones
y también te encontraba.
Como un mapa a tu sueño
Como un mapa a tu sueño
los hilos de la almohada,
como una armada de estrellas
como una armada de estrellas
las puntas de tus pestañas.
Tentación sagrada el
Tentación sagrada el
olor tras el pijama.
Tuve suerte y estaban
Tuve suerte y estaban
fuera de mi conciencia las arañas.
Hoy no te despiertes,
Hoy no te despiertes,
mejor sueña:
es dactilorosada la que siempre llega.
es dactilorosada la que siempre llega.
Viene a las doce la sensación
vivaz de tu mano en la mía,
vivaz de tu mano en la mía,
algodonada en el edredón
reposa tu frente tibia.
reposa tu frente tibia.
Te velo esta madrugada como las sábanas limpias.
Yo me angelo en tus esquinitas.
Yo me angelo en tus esquinitas.
Respira, suspira, oye las olas del aliento que mira.
Duerme en un bálsamo,
Duerme en un bálsamo,
duerme, mi vida.
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