jueves, 29 de febrero de 2024

Sin sombras

Era la hora sin sombras: las cinco de la tarde a finales de noviembre. Anduve por los huertos del río. Las cabras y las ovejas corrían al silbido del pastor. Una furgoneta

levantó a su paso 

                                el

                            polvo

                                     del

                                          camino.


Coles oscuras, plantas de habas, alcachofas como flores prietas,

las manos en los bolsillos.


Entonces,

el sol se inclinó como tenemos la suerte de que lo haga,

y brilló sobre el agua de las acequias,

el cielo azul y rosa y naranja y blanco y rojo

reflejado en el canal.


Yo quise

escribir todo eso.

Quería escribirlo, pero quién

es capaz de ello

     sin apartar vista.

Lo único que pude hacer

   fue contemplar

lunes, 29 de enero de 2024

Siembra

Salgo y me quedo con la intención subrepticia de mirar las cosas, esta vida, el suelo que piso, como quien deja caer en los surcos de tierra semillas, y las tapará andando sobre ellas, y quizás llorará para darles agua, o tal vez esperará simplemente a que llueva (¿acaso llueve ya? ¿No sería aquello una alucinación colectiva?) y, pasado cierto tiempo, regresará a su campo, se tropezará con él de casualidad, y habrán germinado en suave verde aquellas pequeñeces que sembró inadvertidamente. Así contemplo hacia fuera, hacia dentro; un día, de improviso, brotará un texto.

jueves, 25 de enero de 2024

Me gusta poder quejarme

Me gusta poder quejarme y

lamentarme y

que alguien,

si viene,

se siente conmigo un rato en el suelo

y escuche,

que coja esa

intención de oro y

por ella se detenga a comprender

cuál es el plañido.


Después, quizás,

nos pondremos en pie,


pero esa mano tendida

que en vez de tirar

es un abrazo

es algo que conmigo

en mi pecho llevaré.

lunes, 18 de diciembre de 2023

Mis amigas se emancipan

Mis amigas se emancipan. Quiero preguntarles cómo es irse de casa. Tu habitación de siempre metida en cajas, un abrazo bien grande en la puerta, y entonces sales y es tu casa, pero también es ya casa de tus padres.

Mi mama y yo salimos para el hospital de noche. Nuestra querida vecina nos llevó, y ya volví sólo yo. Acompañada de familia, de amigos, pero tan profundamente sola. La casa de toda la vida, todas las cosas igual puestas, pero faltaba una. Mi hogar eran ya recuerdos. No pudimos abrazarnos en la puerta, rodeada de mis cajas. Empecé a vivir por mi cuenta. La casa estaba a medias, y yo también estaba a la mitad.

¿Cómo es irse de casa? Tenía veinte años y la casa se fue de mí.

martes, 21 de noviembre de 2023

Temblando

Por todo ese cuento de la dignidad

no he podido rebajarme,

tan sólo satisfacerme fantaseando con ello,

pero aguantar,

guardarme el grito y el revés,

cerrar en mí la mala contestación

y suavizar esa cara de odio que pongo

mientras frente a mí no

había que aguantar nada,

los gritos y reveses brotaban,

la respuesta cruel tenía alas,

mas yo debía

"estar por encima de todo eso",

y no colgar el teléfono,

no volverme agresiva,

llorar, como mucho,

y no mostrar mi ira,

pero cómo te estoy dando motivos para enfadarte

aun con la boca cerrada y temblando

con esta cara de odio que no se me puede borrar.