lunes, 13 de junio de 2022

De los ojos

Me pregunto si los ojos del niño o los ojos del perro ven el cielo adornarse como yo lo veo. Acaso, si no me hubiera muerto tantas veces, no sería capaz de encontrarle en el color lo bello, entre las farolas y los cables del tendido eléctrico. Me planteo también si la inocencia es capaz de oír silbar los trenes así como me besan los oídos, o si siente el viento en el vello de los brazos como si fueran una espiga verde y tierna, y el olor de la lluvia que ha de caer en la nuca, y el frío horrible y fino debajo de las uñas. Si yo no hubiera muerto tantas veces, ¿sería posible que viviera tanto así estando quieta? ¿Sabría encontrar versos en el silencio de una vista? ¿Menguaría para crecer tanto durante mis horas contemplativas? Tal vez, como el niño o el perro en su inocencia, simplemente existiría, jugaría un rato con el aire y, después, me echaría la siesta, pero observando los amaneceres, los campos recién sembrados, la pintura en las farolas, las grietas en el asfalto, también tengo mi rato cómplice con el aire, también duermo un trocito de tarde y, simplemente, existo, aunque ya haga tantas veces que me he muerto.

miércoles, 6 de abril de 2022

El gesto amable

Para la felicidad no se puede convencer con la violencia, no se puede herir con las imágenes,

no se puede agredir con las palabras,

porque a la felicidad sólo se la encuentra con paseos dulces, con cantares juntos, con el gesto amable. No es convicción cuando debajo hay miedo.

No es convicción cuando debajo hay pena,

simplemente porque el escozor y la herida no hacen libre: son cadenas.

Para hacer comprender es necesario dejar aire, dar espacio,

abrir un huequito en la tierra en que quepa la semilla puesta voluntariamente,

parida sin espinas,

escogida porque ha existido ese momento en calma, sobre la arena, para pensar verdaderamente las cosas y después

actuar en consecuencia.

Sin el limo para la serenidad

no hay decisiones plenas.

lunes, 14 de marzo de 2022

La cajita

Tengo en una cajita blanca

cuatro versos sueltos,

una horquilla

y de pan unas migajas.


Tengo también un problema:

no sé dónde está la caja

y temo que, si no la encuentro,

voy a ser condenada


a no morder la corteza,

a llevar el pelo en la cara,

a no escribir más un poema,

a encerrarme en mi negra jaula.


Tengo una cajita blanca

ante mis ojos, intocable,

con una mariposa dentro

y una palabra amable.


No tiene ojos, ni cabello,

ni dedos ni piernas, pero tiene voz,

y aunque no la encuentro, me susurra...

en la caja está mi corazón.

domingo, 27 de febrero de 2022

SDF

Aterida yo

y las noches que pasan

en su vasta indiferencia

de oscuridad helada;

y las estrellas están mudas

o soy yo, que estoy ciega,

nada ya me dice nada,

sigo sobreviviendo a tientas.


Y si yo tuviera una casa

cuatro paredes, por estrechas que fueran,

el frío sería distinto;

tendría las luces apagadas

fuera del escaparate

del cajero de noche y sus luces blancas.


Nunca se sabe a ciencia cierta

si es que va a llegar el mañana,

y entre polvo y bancos y aceras

la incertidumbre me atenaza.


La luna recorre el cielo

con su eterna absoluta desgana,

arrastra tras de sí el sol

y la frialdad anquilosada.

Aterida yo,

aterrorizada.

martes, 8 de febrero de 2022

Como Baba Anujka

Con cuatro hierbas y tres palabras se refrena el tumulto del alma, pero hay que saber escogerlas, porque mucha gente piensa directamente en opios o marihuana. En tu caso, hay que empezar por sanar desde fuera. No, son hierbas que crecen en el suelo muy rasas, o son gruesas hojas ásperas que, aplastadas, manan mucha salvia. Por suerte, a ojos de cualquiera, son plantas ordinarias, y nadie pensaría en cogerlas si no fueran del gremio. A mí me pasa una cosa curiosa: no sé cocinar nada, pero, ante el calderito, literalmente puedo hacer magia, así que no te apures, Raquel, que en diez minutos está la pócima terminada. He tenido las raíces en infusión desde el cénit lunar hasta el alba. ¿Que no te imaginabas que hubiera una bruja por estos andurriales...? Bueno, al menos creías que las había en otra parte. Me parece que la gente se imagina siempre los bosques del norte cuando piensa en la magia, pero, mira, nuestra casta es muy amplia y estamos en cualquier parte... Hasta en un pueblucho de playa. No te puedo decir exactamente de dónde saco los ingredientes de las pócimas, pero entre la pinaza de los caminos que dan al mar hay material... Es cuestión de saber mirar. Muy bien, reina, aquí tienes la poción. Yo creo que con dos gotas ya tendrás la solución. Esperarás siete días y ya estará. Mientras tanto, te escondes en casa de algún amigo o de alguien de fiar, y si no tienes a nadie, aquí no te encontrarán. Cuando le hagan la autopsia, será todo natural. No te preocupes, no te apenes, mi reina, no llores más: si no lo haces tú antes, él te va a matar. Lo veo en tus heridas y en lo pequeña que estás. Ya lo viste tú también en la bola de cristal.