domingo, 15 de septiembre de 2019

Sara

Amiga, a veces, cómo te complicas, cómo me haces espejo, si esas veces es tan sencillo como un martes lloviendo o el olor de la gasolina. Algunos días llevabas la ropa del colegio y reías y cada sábado ibas a jugar por las tardes, a vibrar en compañía. Qué envidia. Se posó pronto sobre ti la libélula de la duda. ¿Qué pasa mañana? ¿Y si no estoy segura? No sufras; algún minuto recuperaremos de la antigua burbuja, lo apuntalaremos de presente, de certidumbre una cúpula para los días que arrecie. Tú vístete tu piel y ríe, y cada amanecer juega con el rato que tienes, y crece y aníñate, y tiembla de vida, y estremece.

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