sábado, 18 de julio de 2020

Pena de quién

"Me entristece ser yo misma". Sí. Me entristece mi propia tristeza por su magnetismo hambriento, que arrastra hacia sí a quien no pueda consolarme. Muchas veces he de recordarme que, aunque tengo esta pena, ella es una y yo soy otra. También muchas veces se me olvida el recordatorio y pienso sinceramente que mis átomos están hechos de pesadumbre. ¿Realmente soy otra? Misterio de llegar a estar tan triste tan joven: se emborrona la identidad que hay más allá de esta cortina espesa. Pienso precisamente en esta muchacha desdibujada, en los abriles que seguramente merece, y me da una lástima profunda. Pobre chica, me parece ficticia; no así quienes me quieren y se sientan a veces a mi lado sin más pretensión que oír mi perorata o que hacerme relatos vivos de lo nuevo y de lo antiguo. Todos ellos, en alguna ocasión, han sido presa del gran tiburón negro. Me maravilla que no consiguiera fagocitarlos. Tal vez hice un buen trabajo en mi empeño inconsciente de alejarlos.

"Me entristece ser yo misma", ¡pero no es justo! Acumulo en mi reloj incontables meses secuestrados, pero los siglos se han amontonado para que yo hoy esté viva. Tengo cosidos por el cuerpo los blandos recuerdos, perseidas que pilotaba mi yo amiga. Quiero abrir mis costillas y encontrarme con ella, alzarme una mañana y pensar que me entristecía haber sido ésta.

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