Retumban voces en los pasillos:
ha sonado la campana,
risa violeta, grito amarillo,
apenas dos minutos para la desgana
de entrar otra vez en el aula,
del silencio de pizarrón y libreta,
de callar más por obediencia.
Dos minutos para resonar
entera la hora de fervor retenido;
el nervio adolescente, escolar,
de comprender todo y aún tener camino.
Es diáfano en ocasiones
el conocimiento del profesor.
Cuando no, rara algarabía puntillando aquel candor:
¿soy, existo y también vivo?,
¿odio y quiero, y no?
Alguna vez se acelera el tiempo,
tantas otras es caracol.
El timbre metálico reclama:
enmudecen los pasillos ya.
Sillas vacías, transparente calma,
en clase el alma flotando va.
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