viernes, 8 de marzo de 2019

Postigo


De ningún modo se pretende hacer referencia al suicidio.

Cada día me despierto con la triste esperanza de que estés viva. Sueño el reencuentro y al aterrizar está la casa sola, la calle menos alegre, el mundo más doloroso. Tus buenos días resuenan mañana tras mañana de tu voz fantasma, y me asusta que se termine el frasco con tu colonia.

Vacié tu armario y tus cajones. Me quedo tal camiseta, el vestido negro, el vestido de colores, y un montón de espacio huérfano como mi pensión de cada mes.

Es la vida una fotografía desvaída. Busco todavía tu figura en la distancia, un chaquetón rojo, y no, "ella no es". Como el tiempo que transcurre, ¿adónde te tuviste que ir tú? Secuestrada perpetuamente de la vida, y yo estoy en otra prisión.

Por todos, por ti, por mí he de encontrar alegría. Tú dirías que, sobre todo, por mí. Yo diría que, antes que nada, por ti. ¿Te traiciono, mama, te decepciono? Me aterra pensar que sí. Y tú estarás orgullosa y asegurarás que tal y como lo hago está bien, que hay que vivir de una forma distinta... Pero ni tú ni yo lo queríamos. Aprender a los veinte otra vez a caminar, por primera a cocinar, y escribir con la mano izquierda es más sencillo que mirar la T10 manida y saber que no me lleva a ti.

¿Qué me dirías? Lo sé, lo sé, pero... ¿y si no lo sé? Tuve que volver a nacer alumbrada por la muerte de la vida. La jaula es demasiado espaciosa para tanta parálisis, para toda mi incapacidad.

Muchas velas de cumpleaños, dientes de león y estrellas fugaces deseando que estuvieras viva en ti, además de en mí.

Nos separan muchos años, mama, y yo sueño con tu presencia, y me desplomo a la realidad, y cada mañana deseo que no sea verdad, y no sé si prefiero dormir, soñarte y quedarme sin despertar.

Pero contigo, mama. Siempre contigo.

Buenas noches. "Como la miel, dulces sueños".

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