Soledad, tienes nombre de mujer
y las pestañas de lágrimas llenas;
lunas delgadas que alejan
garganta y sangre de estas aceras.
Soledad, tienes tus siete letras
inscritas en mis palmas, en mis venas
en un silencio rugiente
que pide lumbre y desdeña a la gente.
Soledad, qué bello canto
qué blanca condena, qué suave llanto.
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